El encachado de los estribos de un puente es una operación fundamental dentro de las tareas de conservación de estructuras. Más allá de una simple reparación, se trata de una intervención técnica que garantiza la estabilidad del puente, protege sus cimientos frente a la acción del agua y mejora la seguridad de la red viaria. Gracias a un correcto encachado, se evita la erosión en el pie del estribo, se mantiene el drenaje natural del cauce y se asegura que la infraestructura pueda resistir episodios de lluvias intensas o avenidas sin sufrir daños.

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Antes de iniciar cualquier trabajo de encachado es imprescindible disponer de toda la documentación técnica y administrativa necesaria. Esto incluye la autorización en Dominio Público Hidráulico, la aprobación del plan de seguridad y salud, los permisos de ocupación de vía cuando proceda y la planificación ambiental correspondiente. Además, cada actuación se documenta digitalmente en plataformas como Geocoex.net, donde se registran partes, fotografías y listas de comprobación para garantizar la trazabilidad y el control de calidad.

El procedimiento operativo se organiza en distintas fases cuidadosamente planificadas. Primero se realiza la planificación hidrológica, definiendo los umbrales de parada por crecida y programando los trabajos en periodos de estiaje. A continuación, se implantan las medidas de control del agua, como barreras anti-turbidez o ataguías, para poder trabajar en seco y de forma segura. Posteriormente, se ejecuta la inspección y desmontaje selectivo del encachado deteriorado, reutilizando la piedra sana y retirando las piezas fracturadas. Una vez preparado el trasdós y colocado el filtro —ya sea geotextil o granular—, se procede a la reposición del encachado, asegurando una correcta traba y alineación de las piezas. Por último, se refuerza la defensa del pie con escollera, se limpian las barbacanas y se restablece el drenaje natural del cauce antes de retirar las medidas provisionales y dejar el entorno completamente limpio.

El control de calidad ocupa un papel central durante todo el proceso. Se verifican los materiales empleados —piedra, geotextil, áridos y morteros—, se comprueba la correcta ejecución de las capas y se documenta la obra mediante fotografías, checklist y modelos digitales tridimensionales que permiten revisar con precisión el talud y el aplome final. Este registro no solo asegura la calidad técnica, sino que también respalda la trazabilidad y transparencia de cada intervención.

La sostenibilidad también está presente en cada fase. Los trabajos se planifican para minimizar la alteración del cauce y evitar vertidos o turbidez en el agua. Se prioriza la economía circular, reutilizando toda la piedra válida y optimizando los transportes para reducir emisiones. Los residuos —como restos de mortero o embalajes— se gestionan conforme al Real Decreto 105/2008, garantizando un tratamiento responsable y respetuoso con el medio ambiente. Además, se promueve un uso eficiente de la maquinaria y de los recursos, buscando siempre el equilibrio entre eficacia operativa y respeto ambiental.

En definitiva, el encachado del estribo de un puente es una actuación técnica y estratégica que combina seguridad estructural, protección ambiental y sostenibilidad. Permite mantener las infraestructuras en óptimo estado, preservando su funcionalidad frente a los efectos del agua y asegurando la continuidad del servicio. Gracias a estos trabajos, los puentes siguen cumpliendo su función esencial: conectar territorios de forma segura, duradera y resiliente frente al paso del tiempo y de la naturaleza.

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Ficha Técnica